Miraron equí

22 abr. 2014

MITIFICACIÓN Y DESMITIFICACIÓN DE RIEGO

Cubierta del libro
Gloriosa vida y desdichada muerte de Riego
Carmen de Burgos
Introducción de Manuel Moreno Alonso.
Sevilla, Renacimiento, 2013.

     La proclamación de la república en España en 1931 devolvió a Rafael del Riego su esplendor como héroe de la libertad, y su himno, el Himno de Riego, pasó a ser el Himno de todos los españoles. A partir de ese momento, en poco tiempo, se publicaron los tres libros principales sobre la vida del general de Tuña, escritos por una periodista, Carmen de Burgos (1931), por el párroco del pueblo, Zoilo Méndez (1932), y por la escritora de Tineo Eugenia Astur (1933). Los dos últimos se reeditaron en la década de los ochenta y noventa prologados por quien fue llamado “el último doceañista”, el profesor Alberto Gil Novales. Ahora le toca el turno de la reedición a la biografía apresurada y apasionada escrita por Carmen de Burgos (1867-1932), una mujer muy interesante, la primera periodista profesional que hubo en España, feminista, socialista y republicana.
     Lo que Burgos publica no es ni una novela ni un libro de historia, sino un libro político oportunista que toma como disculpa la figura de Riego y su época para trazar un retrato interesado de su tiempo: Alfonso XIII, el rey que acaba de marchar al exilio en 1931 para dar paso a la República, es a Fernando VII lo que Riego a los republicanos ilusionados y entusiastas del momento. Las referencias a uno y a otro periodo se suceden en sus páginas. Para su libro maneja Carmen de Burgos algunos documentos históricos, unos de la Biblioteca Nacional y otros procedentes de los Riego Orozco, parientes de parientes del general, dejándose arrastrar también por tradiciones orales o suposiciones no siempre acertadas, como se encargarán de ir reseñando Zoilo Méndez y Eugenia Astur en sus libros.
     Lo que le interesa de Riego a Carmen de Burgos es lo que tiene de mito, no el militar más o menos brillante que proclama la Constitución de 1812 en Cabezas de San Juan, no el político oscuro que llega a Presidente de las Cortes, no el ser humano que muere en la horca en 1823, sino el símbolo de las libertades, aquel joven que arriesga su vida por ellas y la pierde a manos de un Borbón. Como la mayor parte de lo que escribió Carmen de Burgos, el libro es ameno y fácil, y se percibe desde el inicio la pasión republicana que puso en él su autora.
     Para contrarrestar tanto entusiasmo los editores colocan al frente de esta reedición un largo prólogo del Catedrático de Historia Cantemporánea de la Universidad de Sevilla Manuel Moreno Alonso, experto en Napoleón y su época en España. Si a Carmen de Burgos le interesaba el mito, como quedó dicho, a Moreno Alonso lo que le ocupa en esta introducción es la desmitificación de Riego, una tarea que cumple sobradamente. Rastrea por los escritos de los contemporáneos del general (Alcalá Galiano, Evaristo San Miguel, Le Brun, Amarillas, Mesonero...) la consideración que les merecía, y el personaje no sale bien parado: corto mérito, imprudente, atolondrado, indiscreto, vanidoso... Frente a la voz “viril y clara” que novela Burgos, Moreno nos informa de su voz chillona y atiplada, de sus pocas dotes oratorias... Sorprende más que el historiador Moreno Alonso insista en una idea defendida con gusto por la derecha patriótica española cuando se acerca a Riego: la de considerarlo un traidor por no embarcarse hacia América a luchar contra los independentistas, como si su gesto de 1820, quedándose a proclamar la Constitución de 1812, fuese responsable de la pérdida de los territorios de ultramar, un proceso iniciado en 1808 y que entre 1811 y 1819 conoció bastantes declaraciones de independencia, que se sucederían a lo largo del siglo XIX estando ya bien muerto Riego.

     No me cabe duda de que para la mayor parte de sus contemporáneos el de Tuña no fue un referente incuestionable, pero tuvo el mérito de echar a andar la revolución liberal de 1820, y fue Fernando VII, condenándolo a la horca, quien puso en marcha la exaltación del héroe liberador. “Un hombre que lo fue de carne y hueso, se convirtió en un himno”, dejó dicho Unamuno sobre él. El historiador Moreno Alonso, universitario, echa en cara a Burgos su falta de rigor biográfico. Pero no parece importarle que los biógrafos de Riego hayan sido una periodista, una señorita y un cura en más de ciento cincuenta años de universidad española, los que van desde la muerte de Riego hasta que Gil Novales decide reunir las fuentes documentales que conocía del personaje (en 1976, no en 1936 como señala Moreno en el libro).

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