Miraron equí

12 mar. 2014

MIGUEL ROJO Y KAVAFIS


[Miguel Rojo escribe nel Comercio sobre Kavafis y la traducción de la so poesía completa al asturianu por Xosé Gago, publicada por Saltadera. Amás de lo que'l propiu Miguel Rojo nos cuenta nel artículu, convién dicir qu'ún de los primeros poemes de Rojo que lleímos maraviaos (xunto con "María de Bulnes" o "La lluna yera un platu de lleite", por exemplu) foi aquel poema qu'empieza. "Áu tán los bárbaros Kavafis / que nun chegan". Ta nel primer númberu d’Adréi, de 1986].


SOBRE "LOS 154 POEMES" DE KAVAFIS EN ASTURIANO


     Cuando leí por primera vez a Kavafis tenía 19 años. Son cosas que no se olvidan. Me compré un libro, una pequeña antología de poemas escogidos. Y claro, deslumbrado por aquella forma de hacer poesía tan alejada de ripios, concisa, irónica a veces, en la que el hombre aparecía desnudo ante la feroz soberbia del tiempo o del amor, la secreta pasión homosexual de alguno de sus poemas, el polvo antiguo de la civilización griega dándole esa pátina de nostalgia… me volví kavafiano con el ímpetu propio de la juventud. 
     Ahora vuelvo a aquel tiempo de la mano de Xosé Gago, que acaba de publicar en la editorial Saltadera la traducción al asturiano del poeta griego bajo el título: “Los 154 poemes”. 
     Kavafis, sin duda, había nacido para ser un dandy y pasear el palmito por su Alejandría natal frente al Mediterráneo Es fácil imaginarlo cuando sabemos sus ricos orígenes familiares, la infancia regalada con preceptor francés, niñera inglesa… Pero con la ruina económica paterna, Kavafis acabó trabajando como empleado del Ministerio de Obras Públicas, convirtiéndose en un hombre anónimo, solitario, sin apenas vida social… pero poeta. 
     Un poeta exigente, obsesivo hasta la extenuación con su trabajo, que podía estar reelaborando diez años un mismo poema, y que al final realizó una exhaustiva revisión de toda su obra dejando sólo 154 poemas publicables. Esos fueron los poemas que Konstandinos P. Kavafis consideró suficientes para pasar a la posteridad e influir notablemente en la poesía que vendría tras él.
     Fue su particular selección. Toda una vida poética reducida a esos pocos poemas que no se publicarán juntos hasta 1935, dos años después de su muerte. Del resto no quiso saber nada: “Todos esos poemas escritos entre los 19 y los 22. ¡Qué deplorable calidad” , afirmó.
     Aprovechando el 150 aniversario de su nacimiento, este pequeño corpus literario ve la luz al completo en asturiano. Xosé Gago que, además de escritor en asturiano, ejerce como profesor de griego en una universidad catalana y ya se ocupó de la traducción de la poesía completa de Safo (“Poemes y fragmentos”) así como de la primera parte de la “Odisea” de Homero, es el responsable. Lógico que con estos mimbres se obtenga un excelente resultado.
     En la traducción de Gago, Kavafis no pierde la oscura y enigmática belleza que ya conocíamos en castellano y gana, además, con la fuerza de coloquialismos y giros perfectamente asumibles en asturiano, lo que nos lo hace más próximo y, por tanto, querible. (No lo olvidemos: siempre seremos los hijos de la lengua que mamamos).

                    Ye un vieyu. Esglamiáu y encoyíu,
                    estallazáu polos años y polos abusos,
                    aduces caminando traviesa’l caleyón.
                    Y con too, desque entra en casa pa esconder
                    l’acabamientu y la vieyera so, medita
                    na parte qu’inda él tien na mocedá.
                    …

     El libro cuenta con un prólogo realizado por el propio Gago que informa no sólo de la vida de Kavafis, sino también de la historia política y social en que vivió, de sus relaciones con otros poetas o de los problemas del griego como lengua en el momento de su escritura; unas “Notas”, al final del libro, de gran ayuda para el lector curioso, explican los elementos históricos y mitológicos de algunos poemas.
     Son, pues, más de 400 páginas (es una edición bilingüe griego-asturiano) de uno de los grandes traducido al asturiano. Estamos de enhorabuena.


MIGUEL ROJO (El Comercio, 1, III, 14)

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